Un equipo de biólogos locales ha logrado por primera vez aplicar anestesia profunda a un olivo centenario antes de proceder a su poda anual. Mediante un compuesto propio inyectado directamente en el flujo principal de la savia, los especialistas consiguieron sumir al ejemplar en un estado de letargo botánico, permitiendo que las motosierras trabajaran sin que el árbol detectara la presencia de las cuchillas en su estructura leñosa.
Aceite sin hormonas del miedo
El objetivo principal de esta técnica es minimizar la producción de fitohormonas del miedo que, según los expertos, el árbol libera masivamente al sentir el corte de sus ramas. Estas sustancias químicas, generadas por el estrés traumático de la madera, son las responsables de gran parte del amargor excesivo en el aceite resultante. Con el olivo debidamente sedado, se espera que los frutos de la próxima cosecha sean notablemente más dulces y presenten un perfil aromático mucho más relajado.
«Era desgarrador ver cómo las hojas temblaban al percibir el olor a gasolina del tractor», explica el director del proyecto. «Ahora el árbol entra en un sueño profundo; incluso se percibe un siseo en el ramaje que identificamos como ronquidos vegetales, lo que garantiza una poda sin traumas ni rencores botánicos».
Efectos secundarios en el cultivo
La cooperativa agraria ya estudia la sedación masiva para la próxima campaña, aunque algunos veteranos advierten sobre el riesgo de que los olivos se queden dormidos y olviden florecer en primavera. Por el momento, el primer ejemplar intervenido permanece bajo observación, con el tronco envuelto en una manta térmica y una pequeña radio que emite hilos musicales de ambiente para facilitar un despertar progresivo y evitar que la savia sufra una subida de tensión repentina al notar la ausencia de sus ramas laterales.

